BLANK PAPER
Colección Photobolsillo, La Fábrica 2016.
Texto del libro.

EL ABRAZO (fragmento)

 

Se cuenta que en 1654, mientras instalaban La apoteosis

de san Hermenegildo en el altar de la iglesia de

los Carmelitas Descalzos de Madrid, el pintor Francisco

de Herrera el Mozo, su autor, dijo que el acontecimiento

habría de ser acompañado por clarines y timbales; tal

era a su juicio la calidad y la novedad de la pintura. Ya

por esa época empezaba a ser famosa la arrogancia

del veinteañero artista, pero no le faltaba razón: la Villa,

acostumbrada como estaba a las imágenes ya anquilosadas

del Primer Barroco, tenía ahora ante sus ojos la

exuberancia de colores, la pincelada zigzagueante y las

composiciones casi imposibles y del todo perfectas del

Barroco Pleno, de la imagen nueva. Herrera el Mozo,

que se convertiría en figura clave de la Escuela de Madrid,

estaba en lo cierto, las imágenes nuevas deberían

de ser recibidas siempre con música.

Más de siglo y medio después se presentó en

Barcelona otra imagen y esta vez sí que tuvo acompañamiento

musical. Se trató de la primera fotografía

española o, como dice la publicidad del evento, «la primera

vista obtenida en España por el maravilloso proceder

del daguerrotipo». El anuncio continuaba así: «los

intermedios de las operaciones serán amenizados por

las armoniosas tocatas de una banda de música militar.

La primera vista que se va a obtener abrazará el edificio

de la Lonja y la hermosa manzana de la casa Xifré».

Llama la atención el término con que se refiere a lo que

habría de contener la imagen: abrazar; es cierto que se

usa con la acepción de incluir, pero ¿puede haber algo

más bello que un abrazo para referirse a la fotografía?

La placa catalana fue sorteada entre los asistentes,

le tocó a un señor de Tarazona y finalmente se le

perdió la pista; tampoco importa en exceso, al parecer

las imágenes se reproducen por mitosis: después

llegaron los abrazos de los Marín, de los Masats, de

los Hara… y más de trescientos años después de la

jactancia de Herrera sonó música en Madrid para recibir

a las nuevas imágenes de un grupo de fotógrafos, igual

de mozos y de arrogantes que su antepasado barroco.

Una nueva Escuela de Madrid era alumbrada, otra más.

Y resultó que el local del suceso estaba muy cerca del

antiguo convento de San Hermenegildo, que tenía también

nombre de santo y que, aunque no cenobio, sí era

un poco santuario: El Escaparate de San Pedro. Pero

tenemos que retroceder unos años para ver cómo empezó

todo.

El colectivo de Fotografía Blank Paper fue

creado en Madrid en el año 2003 por cuatro exalumnos

de la Escuela de Arte 10 que habían formado un

grupillo en torno al profesor Manuel Santos. Eran en

ese momento Antonio M. Xoubanova, Oscar Monzón,

Fosi Vegue y Mario Rey. Cuentan que la causa de la

fundación fue...

THE EMBRACE (extracted)

The story goes that in 1654, as the Apotheosis of Saint

Hermengild was being hung on the altar of the Church of the Discalced Carmelites in Madrid, the painter Francisco de Herrera the Younger—its author—said that the event ought to be accompanied by the sound of trumpets and the beat of drums;

that’s how pleased he was with the quality and originality of his

painting. Already then the young artist, barely in his twenties, was developing a reputation for his arrogance. Which is not to say that he erred in his judgment: the city, used as it was to the imagery of the Early Baroque, by then grown stiff and repetitive, was now confronted with the exuberance of color, the winding brushstroke and the practically implausible yet utterly perfect compositions of the High Baroque, of the new image. Herrera the Younger, who would go on to become the key figure of the Madrid School, was right: images should always be greeted to the tune of music.

Over one and a half centuries later another image was presented in Barcelona, and this one did indeed come with musical arrangement. The work in question was the first Spanish

photograph, or, as the event was advertized at the time, “the first

view captured in Spain using the wonderful process of the

Daguerreotype.” The announcement continued: “during the intervals between each operation a marching band will provide entertainment. The first frame obtained will embrace the house of La Lonja and the beautiful block of the Casa Xifré.” The term used to describe the elements contained in the image is surprising: embrace. To be sure, it is used in the sense of including something but, is there anything more beautiful than an embrace to refer to photography?

The Catalonian plate was raffled among those in attendance, awarded to a gentleman from Tarazona and eventually lost without trace; not that it matters much—seemingly images

are also prone to mitosis: other embraces would follow, by the

likes of Marín, of Masats, of Hara... until over three hundred years after Herrera’s claim the music played again in Madrid to greet the new images of a group of photographers, just as young and just as arrogant and their baroque forefather. A new Madrid School was being inaugurated—yet another one. And as it turned out the venue where it first came to be, the Glass Case of San Pedro, was very close to the old convent of Saint Hermenegild, was also named after a saint and, though no monastery, it certainly was a bit of a sanctuary. But we need to wind back a few years to understand how all this came about.

 

The photography collective Blank Paper was created in Madrid in 2003 by four former students of the Artediez art school who had formed a small group that gravitated around their mentor, Manuel Santos. At that stage the group was comprised by Antonio M. Xoubanova, Oscar Monzón, Fosi Vegue and Mario Rey. According to them the initiative was a result...